viernes, 10 de agosto de 2012

Dragut, el pirata berberisco que amenazó Monforte (1550)

A los inicios del siglo XVI, la fortaleza de Monforte del Cid, hoy actual lugar que ocupa la iglesia parroquial, había perdido ese carácter de defensa y bastión que en antaño tenía, pasando a ser simplemente un lugar que estaba en pie como recuerdo del pasado. En ese ambiente, la población de Monforte fue amenazada por ataques de piratas africanos.

El pirata en cuestión era el conocido Dragut, lugarteniente turco de Barbarroja, que saqueaba las costas valencianas a lo largo del siglo XVI. De norte a sur va desvalijando las costas, y es a la altura de Villajoyosa cuando llegan las noticias que en sus calas, a primeras horas de la mañana, el pirata y su séquito comienzan el asalto a la población, llevándose a su paso todo lo que les placía (oro, joyas, casas, mujeres...).

Ante esta situación, Alicante pone en alerta a todas las poblaciones cercanas a la costa, así como a sus villas que forman parte de su término, entre las que se encuentra Monforte.

El 27 de mayo de 1550, ya los piratas en las costas cercanas a Alicante, se celebra en Monforte un Consell extraordinario para tomar medidas contra el posible ataque pirata. Se decide recoger los siguientes datos:
  • Ver los habitantes de la población que tienen armas.
  • Realizar un alardo para probar las armas y entregar a los pobladores monfortinos.
  • Que se hagan cuadrillas de vigilancia y que se coloquen por las noches dentro del pueblo, otras en la huerta de Monforte, y otros vecinos en el castillo (muy deteriorado y que tuvo que ser restaurado de urgencia).
Ante tal acopio de valentía de todas las poblaciones y villas de los alrededores de Alicante, el pirata Dragut desistió de sus intenciones ante una posible derrota, siguiendo su camino hacia las costas de Murcia.

El susto tan importante puso de manifiesto que la población tenía una serie de deficiencias que tenían que subsanar, ya que ante ocasiones de peligro podrían no estar preparados. Un castillo en mal estado y sin utilidad, y una población escasa de armas y municiones, fueron las grandes deficiencias que salieron a la luz.

jueves, 9 de agosto de 2012

La leyenda de la Virgen de las Nieves

El nombre de nuestra parroquia, Nuestra señora de las Nieves, viene asociado a una curiosa leyenda que a continuación pasamos a relatar, y que tiene su origen allá por el siglo IV d.C.

Esta fiesta de la Santísima Virgen tiene su origen en la leyenda romana que las lecciones del Breviario del 5 de agosto nos recuerda.

En tiempo del papa Liberio (352-366), segunda mitad del siglo IV, existía en Roma un matrimonio sin hijos. Lo mismo Juan que su esposa pertenecían a la más alta nobleza. Eran excelentes cristianos y contaban con una gran fortuna que las numerosas
limosnas a los pobres eran incapaces de agotar. Se hacían ancianos los nobles esposos y, pensando en el mejor modo de emplear su herencia, pedían insistentemente a la Madre de Dios que les iluminase.

He aquí que la Virgen les declara de forma maravillosa sus deseos. A Juan Patricio y a su esposa se les aparece en sueños, y por separado, la Señora para indicarles su voluntad de que se levante en su honor un templo en el lugar que aparezca cubierto de nieve en el monte Esquilino. Esto ocurría la noche del 4 al 5 de agosto, en los días más calurosos de la canícula romana.

Van los dos esposos a contar su visión al papa Liberio. Este había tenido la misma revelación que ellos. El Sumo Pontífice organiza una procesión hacia el lugar que había señalado la Madre de Dios. Todos se maravillaron al ver un trozo de campo acotado por la nieve fresca y blanca. La Virgen acababa de manifestar de este modo admirable su deseo de que allí se levantase en su honor un templo. Este templo es hoy día la basílica de Santa María la Mayor.

En Monforte del Cid, en julio del año 2009, y por el empeño personal de su párroco, Manuel Sabater, fue colocada en su portada principal la imagen de la Virgen de las Nieves, que permanecía en ese lugar hasta su desaparición en las contiendas de la guerra del año 1936.









(Gracias a mi amigo Luis Mira por recordarme esta bonita leyenda)


martes, 7 de agosto de 2012

Pascual Pérez Mira, un sacerdote muerto en la Guerra Civil

Las personas son los testigos directos de la historia de un pueblo, y por ello es justo que sean conocidos y más aún divulgados sus hechos para que todos los conozcamos. Y ese es el caso del monfortino Pascual Pérez Mira.

Nacido en Monforte del Cid, en el año 1875, sus padres eran de clase modesta y buenos cistianos. Sus estudios comienzan al ingresar en el colegio de San José, para pasar, después de algunos años, al Seminario de Orihuela, donde prosiguió con notable aprovechamiento los estudios eclesiásticos.

Es ordenado sacerdote en 1902. Previo concurso obtiene en 1906 el curato de Benejúzar, donde permaneció durante diez años. Pasó posteriormente al pueblo de Pinoso, donde dio el salto en 1922 a la capital de la diócesis, siendo nombrado por el Gobierno de S.M. el Rey, Canónigo de la Catedral de Orihuela.

Entre los cargos que va ocupando destaca el de profesor de educandos del Seminario de San Miguel (1926). Entre sus virtudes era la de ser un orador sobresaliente, siendo llamado de numerosos pueblos para tal menester, y en la misma Catedral por la importancia de su mensaje y su llegada con facilidad a la gente.

En el año 1936, y con la guerra en España en su momento más álgido, vuelve a Monforte del Cid a cuidar de su progenitora, que en ese momento estaba enferma. En ningún momento hizo por esconderse, ni hizo caso del consejo de sus amigos ante un inminente rapto.

El 14 de diciembre de 1936, fue detenido por los milicianos al acusarle estos de "desorden público", siendo el día de Nochebuena el día que, junto a otras cuatro personas, fue sacrificado en la población de Beniel. Fue después conducido su cadáver al cementerio de Murcia, donde recibió sepultura.

Desde el año 1940, los restos mortales de este monfortino descansan en el cementerio municipal de Monforte del Cid.




 




Los medallones de José Puchol: La Anunciación y la Visitación en la Iglesia Nuestra Señora de las Nieves

La Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves de Monforte del Cid encierra dos curiosas muestras de los relieves que la Real Academia de San Carlos de Valencia potenció en el siglo XVIII.


Su autor , el valenciano José Puchol Rubio (1743-1797), tuvo que adaptarse a las nuevas directrices que una real orden de 1777 prohibió la utilización de la madera en los espacios litúrgicos (en ese momento se adujo que era para evitar los frecuentes incendios), y el paso del mármol o el jaspe como materiales a utilizar. Aún así, y como ahora veremos, el escultor supo magistralmente sacarle partido al tratamiento de la madera y consiguió unos efectos espectaculares. 


LA ANUNCIACIÓN


Realizada hacia 1797, tiene rasgos propios del rococó heredado de su maestro Luis Domingo, pero también influencia clasicista de la academia  a la que pertenecía.

Este encargo recibido por José Puchol se encontraba dentro del programa decorativo de la ampliación de la Iglesia Nuestra Señora de las Nieves que realiza el arquitecto Vicente Mingot. Estas obras, iniciadas en 1771, consistieron en la construcción de un crucero y una cabecera semicircular, con dos portadas a los lados del retablo. Cada una de estas portadas, llevarán encima sendos tondos o medallones en madera pintados de blanco, en clara alusión a las Virgen de las Nieves, que hasta el 1936 presidió la capilla mayor. La portada de la izquierda representa la Anunciación, siendo la portada de la derecha el motivo bíblico de la Visitación.  

Ambas piezas que estamos describiendo se enmarcan dentro de un marco interior circular, que incorpora hojas de laurel.

La utilización de la madera para la realización de estas obras, y con ella conseguir un efecto pétreo para imitarlo con el mármol, podría enmarcarse dentro de esa real orden de 1777 que comentábamos, pero en la realidad era la cuestión presupuestaria la que se imponía a la hora de no utilizar directamente la piedra.

El asunto de este medallón, La Anunciación, se refiere al pasaje que aparece en el Evangelio de Lucas (Lc 1, 26-28), prescindiendo de los detalles anecdóticos y centrándose en el arcángel y la Virgen, cuyo rostro idealizado ocupa el centro de la composición. El Espíritu Santo irrumpe entre las nubes y la aceptación de María se pone de manifiesto con su recogimiento en el pecho. 


José Puchol Rubio (Valencia 1743-1797)
Madera. Talla policromada. 120 cm (aprox)
Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves. Monforte del Cid

LA VISITACIÓN

La escena que ahora nos ocupa está basada en el Evangelio de Lucas (Lc 1, 40-43), que mostrando la figura de María y su prima Isabel, apareciendo Zacarías detrás de la escena. La cuarta figura que nos aparece, se identifica con el mismo evangelista por el libro que porta, siendo testigo del encuentro entre las dos mujeres. 

José Puchol era dado a realizar sus composiciones utilizando como base diferentes grabados de la época, siendo esta escena que describimos basada en una estampa de Lud Rouget.


José Puchol Rubio (Valencia 1743-1797)
Madera. Talla policormada. 120 cm (aprox)
Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves. Monforte del Cid

" La Visitación" Colección Gomis Corell
Estampa de Lud Rouget a partir de la obra pictórica del mismo tema de Pierre Mignand   




Presentación " Mansio Apis "

En el siguiente blog personal que presento, no tengo más ánimo que aportar una serie de inquietudes sobre temas de mi localidad, Monforte del Cid, que me pasan por la cabeza. A lo largo de este tiempo iré escribiendo sobre personajes que han influido de alguna manera en la historia local, sobre aquellas piezas o monumentos más importantes, leyendas, historias de las calles, etc. Todos estos y otros temas serán los que tendrán cabida en este espacio. Por supuesto, cualquier aportación a este blog será bienvenida junto a otros temas interesantes de índole provincial.

Nada de inédito tendrán las líneas que se aporten en el siguiente Blog Mansio Apis, ya que numerosos estudiosos y aficionados a la historia monfortina, han sabido en diferentes momentos aportar sus estudios y conocimientos. Se pretende reunir en un espacio todo aquello que se recoge en diferentes lugares.